Existen diferentes instancias de responsabilidades para la seguridad.

De acuerdo a donde se desee lograr mejorar la seguridad, estado, jurisdicción, política, geografía, empresa, hogar, comercio, todo grupo humano y de sistemas que requiera seguridad, deberá realizarse un estudio de amenazas y vulnerabilidades, un análisis de riesgos basado en datos históricos o equivalentes con su correspondiente proyecto y plan de seguridad.

La necesidad de seguridad, se pone en evidencia con estadísticas que muestren la cantidad de homicidios, accidentes, delitos contra la propiedad, estafas, corrupción, pérdidas materiales, aumento de la pobreza, ausencia de paz e intranquilidad en la población.

El alcance de cada estudio deberá concluir con el plan de asignación de recursos con fechas de aceptación de presupuestos que justifiquen cada centavo como inversión y no como gasto.

Habiendo transcurrido un cuarto del siglo veintiuno, desde hace más de veinte años, concretamente desde el 2013 existen normativas internacionales que justifican implementar decisiones cuantitativas.

Estas se basan en criterios “siglo XXI” que invitan a realizar procedimientos documentados a la medida de cada tipo de caso. 

Entre el responsable en primera instancia, la persona, el individuo y el responsable en última instancia, los estados u organizaciones que ocupan el nivel más alto en la toma de decisiones, existen muchos niveles intermedios y cada uno debe tener una responsabilidad definida en el plan.

Cuando no hay un plan, se improvisa, los procesos no están escritos o son poco claros, es entonces cuando las responsabilidades no están definidas, se superponen o no existen. También cuando la responsabilidad es de todos, no es de nadie.

Cada persona, puesto, función, sistema, ocupa un rol cuya responsabilidad comienza cuando finaliza la del proceso contiguo.

Hay muchas maneras de pensar respecto de la seguridad, desde el año 2003 y acelerado por los efectos secundarios de la pandemia 2020 se pone en evidencia un cambio disruptivo, drástico, a 180 grados del rumbo que llevaban las soluciones del siglo pasado.

Resulta evidente que haciendo más de lo mismo, invirtiendo más recursos en lo mismo, los problemas de seguridad no se resolvieron sino que se agravaron.

En el siglo pasado, se consideraba a la seguridad como un bien de cambio o un servicio que “alguien”, léase, la policía, la empresa de seguridad privada, el instalador de cámaras o alarmas eran quienes producían la “seguridad”.

Estos cobraban por “producir seguridad”, mientras que el destinatario  pagaba impuestos al estado para lograr seguridad pública y gastaba su dinero en aparatos, abonos de monitoreo y guardias, delegando en ellos la seguridad, desentendiéndose del asunto, con la creencia de “yo pago para que se ocupen y me den seguridad”, transfiriendo una responsabilidad que en casi todos los aspectos resulta intransferible.

Así, gracias a la ignorancia del cliente (y en general de todo el sector), organismos y empresas de seguridad, sin códigos deontológicos, ni políticas declaradas, abusando de la ignorancia y el miedo de los clientes hacen su negocio vendiendo; fantasías de seguridad, humo, ilusiones, vigilancia humana, a distancia por video remoto o servicios de monitoreo, constituyendo placebos de seguridad sin garantía de cumplir con la finalidad por los que el cliente les está pagando.

Esto último está expresado en los contratos que claramente dicen: “… el servicio es de medios, no de fines …”.

Cuando el negocio se pone delante de la seguridad aparecen ejemplos de industrias que mueven millones como las de las cámaras de video vigilancia, que en realidad son “ilusiones tecnológicas envueltas en plástico”.

La pregunta que debería hacerse el lector es: ¿comete fraude quien permite que sus clientes sigan ilusionados creyendo que alguien los vigila cuando en realidad, en el mejor de los casos, solo se está grabando?

Más tarde o más temprano, el tiempo dice la verdad, es entonces cuando grandes ilusiones al momento del hecho, se transformarán en grandes desilusiones, sensación de estafa y de traición a la confianza depositada.

Como dijimos anteriormente, existen diferentes instancias, niveles y áreas de seguridad que dependen de las jurisdicciones, el ámbito y alcance de aplicación.

Existen excepciones al pasado que comienzan a evidenciar un cambio, 20 años después, recién en 2023 en escasos lugares como por ejemplo,  la ley: 10954 de la Prov. de Córdoba, Argentina.

 

Las personas

Debemos entender que cada persona es responsable de su seguridad personal básica, como ser prestar atención al cruzar la calle, al conducir un vehículo, en la educación de sus hijos, en los cuidados elementales de su hogar.

Además, existen en las personas responsabilidades de acuerdo al rol o función que cada una cumple en una organización, empresa, barrio, comercio y en la comunidad.

Responsabilidad de la seguridad para una empresa comercial:

Independientemente del tamaño, en toda organización comercial el principal objetivo del negocio, tiene que ver con la rentabilidad de la inversión, las consecuencias de las fallas de seguridad, accidentes laborales, falsas alarmas, fraudes, robos, incumplimientos, multas, son pérdidas que afectan la rentabilidad del negocio y para ello debe haber una persona responsable.

Se entiende a la seguridad como una inversión que debe ser rentable.

No debe ser considerada a la seguridad como un gasto inevitable o una pérdida asumida.

 

Responsabilidad en la venta.

La mayoría de quienes hacen “negocios de seguridad”, no cobran por hacer estudios de seguridad, ni por hacer proyectos, ni por hacer presupuestos, tal vez porque temen perder la venta, porque no saben hacerlo o porque no saben que no saben de seguridad.

En general los vendedores de “negocios de seguridad” tienen como objetivo vender y cobrar.

No se capacitan para hacer rentable la seguridad para el cliente y así poder demostrar con números que la seguridad es una inversión rentable y no un gasto. 

Para esto deberían  saber de seguridad cuantitativa, algo que en el siglo pasado nadie enseñaba ni existe en la actualidad en los programas de estudio oficiales en Latinoamérica.

En general, en Hispanoamérica no se valora la capacitación, ni se invierte suficiente tiempo en investigación o análisis cuantitativo. 

No se valora el conocimiento objetivo orientado a entender la seguridad, los verdaderos cursos para certificaciones internacionales de verdad parecen caros.

Esto genera escasez de oferta de contenidos independientes.

Dando lugar a que el marketing latinoamericano, disfrace de profesionales los cursos dictados por asociaciones financiadas por marcas no latinoamericanas.

Los proveedores tienen vendedores que asesoran para vender solo lo que hacen y solo hacen lo que el cliente le pide con lo que tienen, porque tampoco saben de seguridad, sus anteojeras están cerradas, aunque tengan muchas certificaciones (de cursos dictados “por marcas”).

Que quede claro, el objetivo de las marcas es la de lograr rentabilidad fabricando y vendiendo productos.

Marcas que no tienen declaración RSE que diga como objeto “ contribuir con la construcción de seguridad”.

De todos modos, siempre hay un responsable máximo, de acuerdo al tamaño de la empresa serán distintos perfiles los que ocupan o deberían ocupar el rol a saber;

 

Micro pymes.

Si se trata de una empresa pequeña será el dueño del riesgo, el dueño del emprendimiento, el principal responsable del negocio quien a su vez es quien decide.

El dueño de la pyme, en general, “cree que lo sabe todo” en seguridad aunque solo porque miró varios videitos por You Tube, no contrata a un especialista, pide presupuestos para escuchar opciones, muchas veces, luego del asesoramiento gratuito y con la descripción de los presupuestos, el mismo dueño de la pyme, compra los productos en-linea, mucho mas baratos, inalámbricos, autoinstalables, tan fáciles de programar que cualquiera puede hacerlo, ¿para qué contratar a una empresa?.

Si como esto fuera poco, todas las fábricas cuentan con aplicaciones gratuitas tan amigables y maravillosas que dejan sin razón la existencia, la consultoría, los estudios de seguridad y a las empresas de monitoreo y mantenimiento.


Medianas

En empresas medianas, el responsable es el gerente de seguridad quien debe involucrarse en todas las áreas.

El gerente de seguridad debe entender y demostrar con un análisis cuantitativo como evoluciona el “costo total de protección”.

En las empresas competitivas el gerente de seguridad debe justificar cada centavo como inversión y hasta su propio salario.

Es muy común observar que a pesar de las pérdidas y de los riesgos, muchas empresas importantes, no cuentan con un gerente de seguridad. 

Como el nivel de capacitación y entendimiento del tema está muy rezagado, en la mayoría de los casos se designa como responsable de seguridad al encargado de RRHH y de comprar cámaras y alarmas al departamento de compras.

RRHH porque aún muchas empresas, compran horas hombre para hacer vigilancia.

Compras para el equipamiento de cámaras, alarmas, controles de accesos, incendio, como elementos separados, porque se ven simplemente como insumos, aparatos, no como elementos que deben estar integrados en un plan de seguridad para capturar de datos como parte de un sistema de acuerdo a procedimientos adaptados a las necesidades y objetivos del un plan.

Así entonces entre dos áreas tan disímiles como compras y RRHH, nadie es responsable  de pensar en la seguridad.

En empresas grandes será un vicepresidente que participa en el ápice estratégico de la organización quien será el responsable de la seguridad por encima de los gerentes.

 

Responsabilidad del estado.

Entendiendo que, según dice la constitución nacional, ”…la seguridad es una responsabilidad ineludible del estado…”, resulta que la seguridad que el estado brinda no alcanza, así entonces surge una industria comercial llamada seguridad privada.

En Argentina, las competencias en materia de seguridad se dividen entre los municipios, las provincias y la Nación de acuerdo con la Constitución Nacional y las leyes correspondientes. A continuación, se detalla cómo se distribuyen estas responsabilidades:

Competencias Municipales

Seguridad Urbana: Los municipios son responsables de la seguridad en el ámbito urbano. Esto incluye la regulación y control del tránsito, la vigilancia de espacios públicos como plazas y parques, y la prevención de delitos menores a través de las fuerzas de seguridad municipales (como las policías locales, donde existan).

Guardia Urbana: En algunos municipios existen cuerpos de guardia urbana que colaboran en la prevención de delitos y en la regulación del orden público.

Cámaras de Seguridad: La instalación y monitoreo de cámaras de seguridad en la vía pública también suele estar a cargo de los municipios.

Competencias Provinciales

Policía Provincial: Las provincias tienen a su cargo las fuerzas de policía provincial, responsables de la seguridad pública en todo el territorio provincial. Esto incluye la prevención y represión del delito.

Seguridad Rural: En áreas rurales, la seguridad también es competencia de la policía provincial.

Política Criminal: Las provincias tienen la potestad de desarrollar políticas criminales y de seguridad, incluyendo la implementación de programas de prevención del delito.

Justicia Provincial: La administración de justicia en materia penal, salvo las excepciones de delitos federales, es competencia de las provincias.

Fuerzas Federales: La Nación tiene a su cargo fuerzas de seguridad federales como la Policía Federal Argentina (PFA), la Gendarmería Nacional, la Prefectura Naval Argentina y la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA). Estas fuerzas operan en todo el territorio nacional.

 

De las empresas de seguridad privada.

Dependiendo del punto de vista de los diferentes actores, los objetivos son distintos.

Para el inversor de un “negocio de seguridad” el objetivo es lisa y llanamente ganar dinero, así queda demostrado cuando se “escarba” en las declaraciones de principios, de responsabilidad social empresaria y en los contratos engañosos que aprovechan el miedo y la ignorancia de los clientes para vender calidad simulada, placebos y fantasías de seguridad.

Afortunadamente para estas empresas el bajo nivel de inseguridad en países como Argentina o España, donde existe tan poca cantidad de hechos reales, no se pone a prueba con facilidad la verdad de lo que venden, permitiendo que durante varios años se pueda mantener a mucha gente desinformada haciendo marketing y vendiendo ilusiones.

Mientras tanto la responsabilidad que debería cumplir el estado, de defender al ciudadano, y  de garantizar los derechos del consumidor, exigiendo análisis ROI en los proyectos y SLA para los servicios, se pone del lado del mal, otorgando patentes de corsarios a piratas.

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